Luces en la oscuridad






 Era diciembre otra vez, y el atardecer era maravilloso. Tan cálido que los niños se resistían a volver a sus casas, algunos hacían fila para una segunda vuelta, otros corrían en círculos mientras sus madres los perseguían con la mirada. Aquella calesita, que alguna vez había presenciado el primer beso de una joven pareja, brillaba en la creciente oscuridad.

 Ella fue la primera en llegar, como siempre. Se sentó en el mismo banco y contempló el paisaje con una sonrisa melancólica, jugueteaba con su anillo de casada y miraba en todas direcciones, esperando que él apareciera. El dedo anular comenzaba a dolerle cuando él apareció. Se saludaron con un abrazo algo incomodo. Todos los años era igual, comenzaban una charla banal, como si fueran dos extraños y luego recordaban todas aquellas cosas que los habían juntado y hablaban como los viejos amigos que eran.

 Se sentaron con la mirada perdida unos minutos hasta que él rompió el silencio.
     
        -    ¿Y cómo están los chicos?

 Ella lo miró y sonrió mientras asentía con la cabeza.
  
        -      Genial. Ani va a empezar la secundaria el próximo año. Está muy emocionada.

        -     ¿Ya?- un bufido se escapó de su boca.- Como pasa el tiempo.

 El sol terminaba de desaparecer mientras él le contaba las últimas anécdotas de Ignacio, el más pequeño y terrible de sus tres hijos. De repente, y sin darse cuenta, estaban riendo de sus historias actuales. Los hijos, el ascenso que él había tenido a mitad de año, las vacaciones en el Sur que ella planeaba. Todo comenzaba a parecer mas normal, no mas sonrisas tiesas, ni risas incomodas, todo volvía a ser como era antes. Ninguno se animaba a hablar del pasado pero ambos sabían que era imposible no tocar el tema, en algún momento se iba a dar.

       -    Nacho odia ser el más chico. Siempre está diciendo que quiere un hermano. Lo único que me falta ahora es un bebe- dijo riendo.

 Ella se tensó en el lugar y de repente él dejo de reír, como si ya no le causara gracia. Ya nadie quedaba en el parque, pero la calesita aún brillaba en la noche. Había llegado el momento, ahora el tema estaba dando vueltas entre ellos, como una nube invisible. Él quería cambiar de tema, no estaba listo, ni quería hablar de eso.
     
       -    ¿Cómo está tu mamá?

Ella volvió a juguetear con su anillo mientras respondía.

       -    Está mucho mejor por suerte. Tiene días malos, como todos, pero al menos la enfermedad no avanzó.

       -    Bueno, eso es una muy buena noticia.
      
      Ambos volvieron a quedarse en silencio, mirando las luces. Cuando él se volteo a verla reconoció esa vieja sonrisa, pero ahora noto unas pequeñas arrugas a los costados de los ojos, las arrugas de la felicidad como él las llamaba. Por un segundo ella dejó de sonreír y dijo: 

       -    A veces pienso que pasaría si Ani quedara embarazada a los diecisiete...- meneó su cabeza queriendo alejar ese pensamiento- Y puedo entenderla. Puedo entender porqué mi mamá reaccionó como lo hizo conmigo.
     
      Ya no había vuelta atrás. El suspiró y bajó los ojos cuando ella quiso mirarlo.

       -    Éramos dos nenes. Infantiles, inmaduros.

       -    Vos tenías tu pelo azul. ¿Te acordás?- ella comenzó a reír.- No puede creer que te haya dejado hacerte eso.

 Sus risas volvieron a sonar sinceras por un segundo, e incluso sus manos se entrelazaron.

       -    Éramos dos nenes, tenes razón, pero sí que queríamos a ese bebe.- mientras ella decía esto se le escapó una lagrima que intentó esconder rápidamente.

 Él le estrecho más fuerte la mano.

       -   Si. Si lo queríamos. Pero no era el momento, hubiera crecido en un hogar lleno de peleas, de silencios.

       -    No era el momento- repitió ella como queriendo creérselo.- Nuestra vida hubiera sido muy diferente

      Pero la verdad es que ella hubiera dado todo por tener ese pequeño en sus brazos al menos una vez. Lo que le había pasado a los diecisiete años aún la perseguía, por lo ocurrido con ese bebe nonato no podía tener hijos. Ani y Maia eran adoptadas, y si bien ella las amaba con locura le hubiera encantado llevarlas dentro.   

       -    ¿Cuántos estaría cumpliendo hoy?

     Sus ojos se encontraron por primera vez en la noche.

       -    Hoy serían dieciocho. Ya sería mayor de edad.

      El silencio volvió a hacerse presente mientras los recuerdos venían a sus cabezas. Ellos ya no recordaban las peleas de los últimos años, incluso de antes de que ella quedara embarazada, ya no recordaban ese rencor que había terminado la relación hace tanto. Quizás era la luz de la calesita, que iluminaban todo con un color cálido que parecía envolverlos, pero allí sentados todos los recuerdos que les venían a la cabeza eran los buenos, su primer beso (en ese mismo lugar), su primera vez juntos, cada risa, cada película, cada beso.

      Luego de un rato ella se puso de pie. La noche comenzaba a refrescar y su familia la esperaba. Aún tomados de la mano se despidieron, esta vez con un abrazo sincero y lleno de cariño. Ella le dio un beso en la mejilla y desapareció.

 Los dos tomaron caminos distintos esa noche, pero sabían que habría un día el próximo año donde se reencontrarían y recordarían todo. Podrían recordar al bebe que ambos hubieran querido tener, y revivir ese amor infantil e irracional que en algún momento habían sentido.



 Su historia de amor era de aquellas que no se olvidan fácilmente. Los dos formaron sus familias y forjaron una nueva vida separados, pero quien los conociera vería que aún queda algo allí, algo que los une después de tanto tiempo. Algo que no se puede olvidar con el pasar del tiempo, la historia y los recuerdos de todo lo que vivieron juntos.  

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