Después de la tormenta



  Estaba parado bajo la lluvia hace horas. Su cabello goteaba y no podía mantener mucho tiempo los ojos abiertos por el azote del agua. Pero él no iba a irse a ningún lado, lo había prometido. Por momentos se preguntaba que pasaría si ella no salía. ¿Cuanto tiempo mantendría la promesa? ¿Cuanto podría aguantar en la intemperie?
  Consultó su reloj, que no iba a sobrevivir mucho si se seguía mojando, tres horas. Tres horas y un minuto, tres horas y dos minutos. El tiempo avanzaba muy lento, pero por suerte, la lluvia pareció apaciguar un poco, no parar, porque él se merecía estar bajo la lluvia tres horas y tres minutos.
  La puerta de la casa se abrió un poco, un niñita con un paraguas verde salió y se detuvo frente a él, le tendió una taza de algo humeante, sonriendo.
    - A mí no me molesta que estés aquí, pero papá esta empezando a pensar que debería llamar a la policía.- su tono inocente hacía que toda la situación de que alguien estuviera tres horas parado bajo la lluvia en frente de tu casa no suene serio, ni raro.
  Él tomó un sorbe del café, que se estaba aguando con la lluvia, pero aún así pareció recomponerlo un poco.
    - Gracias- dijo alzando un poco la taza. - Y créeme, tu padre no necesitará llamar a nadie. Ella saldrá en cualquier momento- le guiño el ojo a la niñita, quien se rió por lo bajo.
    - ¿Cómo estás tan seguro?
    - Ya lo entenderás cuando crezcas y te enamores.
  La niña se quedó en silencio, pensando en lo que había escuchado. Pensando que el amor o lo que fuera que mantenía ese chico de pie bajo la lluvia era una estupidez. Ella se despidió y volvió a su casa, esta vez con la taza vacía.

  Sus pies comenzaban a doler, y sus manos a temblar, hermosa noche otoñal para mojarse. Volvió a revisar su reloj, cuatro horas diesiciete minutos. Quizás debería rendirse, quizás cumplir su promesa no sirba con alguien a quien no le interesa. Quizás ya era demasiado tarde.
  Justo cuando pensaba en desistir la puerta se volvió a abrir. Esta vez una muchacha alta, de cabello castaño se asomo, sin salir a la calle a mojarse. De hecho aún tenía puestas sus pantuflas rosas.
 
- En serio esto se está poniendo muy raro. ¿Cuantas veces más voy a tener que decirte que te vayas?
    - No voy a ir a ningún lado- dijo él con una sonrisa triunfante en el rostro.- Te prometí que me quedaría hasta que me...
     - No voy a perdonarte, y me estás acosando. En serio es raro y no me gusta.
 Él la miró un segundo, podría irse, podría ir por la opción fácil y dejar atrás esa chica, habría otras. O podría quedarse de pie allí y pelear por la muchacha que había conocido hace tres meses y solo eso había bastado.
    - Sé que no estuvo bien. Sé que lo arruine pero...
    - No voy a escuchar esto otra vez.- se dio media vuelta y hizo ademán de cerrar la puerta. Pero cuando él le pidió que espere lo hizo, de mala gana, pero esperó.
    - Perdón.- ella no dijo nada.- Me asusté, mucho.
  Él no tenía planeado decir eso, solo salió de su interior.
    - ¿Y ahora esa es una buena excusa?- ella salió del umbral de la puerta ladeando la cabeza.
  Él se acercó un paso, no podía seguir gritando bajo la tormenta.
    - No quise decir eso pero... Es que...- intentó buscar las palabras correctas- era demasiado rápido, demasiado bueno.
    - Y era tan bueno que fuiste a buscar el consuelo de dos chicas más. Tiene mucho sentido- se notaba a leguas que ella no dejaría pasar esto tan fácil.
  Esta vez fue ella quien dio un paso adelante, buscando una respuesta.
    - No lo entiendes.
    - Entonces explícame. Soy puro oídos.- se plantó allí de pie con los brazos cruzados.
  Ese carácter intimidante y seguro que lo había atraído la primera vez.
    - No creía merecer algo tan bueno, no creo merecerlo. No veo porqué estarías con alguien tan dañado, aburrido y tonto como yo.- hizo una pausa. Ella había cambiado su semblante- Según un bloguero de autoayuda de Cancún tengo tendencias autodestructivas.- el se encogió de hombros como si nada, lo que la hizo reír.
  Se vieron a los ojos, solo un segundo. Pero sólo eso fue necesario.
    - Si lo mereces.- ella se adelantó y quedó desprotegida bajo la lluvia.- Pero aún así no sé si podré perdonarte. Lo arruinaste, mucho.
    - Lo sé.- y el jamás se perdonaría haberla lastimado.- Pero esto es lo mejor que puedo ofrecerte. Una sincera disculpa y la promesa de que nunca voy a volver a hacer algo tan idiota porque ahora sé que hay en juego y creo que...- dejo que la lluvia termine la oración. A fin de cuentas, ella también sentía lo mismo-  Y voy a cumplir esa promesa hasta el último día de nuestra vida.
  Ella se quedó en silencio, pero una sonrisa asomó en su rostro.
    - ¿Nuestra vida eh?- preguntó mientras caminaba hacia él.
    - Sólo si quieres.
   Cuando se enfrentaron fue como si nada hubiera sucedido, volvieron a ser dos personas que se aman sin dudarlo, sin restricciones. Y el la besó como si fuera la primera vez, con deseo de expresar todo lo que sentía por ella en un solo beso.
    - Va a ser mejor que entres.- insistió ella.
    - La policía viene en camino, tu padre los llamó, ¿no es cierto?
  Ella asintió mientras reía bajo la lluvia.
  Una lluvia que empapaba a una joven pareja que comenzaba el camino de sus vidas.


Comentarios

  1. «dejó que la lluvia termine la oración...»
    Muy buen texto :D

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    1. Muchas gracias Misael! Que bueno que te haya gustado.

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  2. Excelente relato; creo que todos lo hemos arruinado aunque sea una vez, y pasamos por ese dificil momento de saber si seremos o no perdonados... Saludos :3 un gusto leerte

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    1. Muy cierto John, pero todos merecemos una segunda oportunidad.
      Muchas gracias por leer y por comentar! Saludos :)

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  3. Oh! Me arrepiento de no hacerle caso últimamente a mi newletter del blogger... Me encantan tus relatos... :D

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    1. Me alegra muchísimo que te gusten Helena!! Es todo un honor :)

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